/ miércoles 17 de junio de 2020

Escombro

Los montones de residuos de la construcción se desechan en diferentes puntos de la ciudad, pero según me dijeron, hay una zona legal para dejar estos revoltijos por el camino al aeropuerto, y sí me he fijado en esos feos montones que de lejos se ven como lomas ajenas a la naturaleza, tumores que le dan en la torre al escenario.

El primer problema de este asunto es la contaminación, el segundo es que estos montículos se tiran ilegalmente en muchos lugares alrededor de la ciudad porque los choferes no quieren gastar combustible para ir lejos a desechar, y el tercero es que son un mezcla de mucho: ladrillos, bloques de concreto, pedazos de concreto, sacos de cemento, fragmentos de piso y azulejo, baldes de pintura y de impermeabilizante, cientos de botes de refresco, agua y otras bebidas, botellas de cerveza, de licor, desechables de aluminio e unicel, tubos de PVC, cables, cintas de empaque, cartón, bolsas y pedazos enormes de plástico, etc. Este cúmulo de desechos son una ensalada muy indigesta para la naturaleza, y una ofensa para el medio ambiente.

Visualicen un escenario de construcción, y estoy segura que todos recordarán esos montones que se acumulan a sus alrededores, sobre todo, cuando es una remodelación, o una demolición. De lejos no se alcanza a ver todo lo que estos cerritos contienen, pero ya de cerca se puede ver un revoltijo escandaloso.

Y muchos dirán ¡Pues ni modo, la construcción no puede parar, sus desechos son un problemita que hay que asumir!

Pero al respecto de esta relajación en el tema, podemos analizar varios temas de suma importancia: el primero sería la gran urgencia de moderar la construcción, ésta ya se ha convertido en un monstruo caprichoso, en un negocio que quita y pone al hay se va. Estamos encerrados en cuadros muy bien mantenidos por dueños o inquilinos que rentan, metidos y enfocados en nuestra “propiedad” en una inconsciencia total de lo que pasa fuera de lo que nos “pertenece”, siendo que nada nos pertenece y que “el todo” es nuestra responsabilidad y nos abraza con sus innumerables consecuencias globales.

Los constructores deben de tener en sus desarrollos la cultura de la separación de desechos y reciclaje, exigir a sus empleados que no revuelvan basura. Por cierto una vez comentando este problema, alguien dijo: En la construcción es imposible este tipo de orden, porque la mayoría de los albañiles fuman mota y les vale gorro el mundo, los pintores andan arriba con la constante inhalación de sustancias y muchos de los encargados están enfocados en la belleza del proyecto y no en el desecho que están mandando a la naturaleza. ¡Qué idea tan derrotista! Cuando la exigencia se hace con las debidas consecuencias para el que no cumple ¡Todos se alinean!

Puede haber un sinnúmero de escusas, pero recordemos que el planeta nos está exigiendo nuevas maneras de hacer las cosas, acciones que quizá nos incomodarán, pero es un esfuerzo que no se compara con el que tendremos que hacer para intentar “si es posible” rescatar espacios de la contaminación y devastación.

Si en estas últimas épocas de excesiva comodidad el ser humano se perdió en la irresponsabilidad de cuidar la naturaleza, hoy el llamado a considerar el medio ambiente es sumamente urgente ¿Vamos a responder? ¿O le seguimos igual?

Las crisis son momentos de idear algo diferente y lo diferente nos cuesta ¿Pero dónde hemos puesto el valor del medio que nos provee para vivir?

Deseo de todo corazón que el espíritu humano despierte, que aprovechemos la crisis para madurar y dejar a futuras generaciones un ejemplo de amor por el planeta.

Vigilante: Yo por mi lado seguiré recorriendo caminos y alzando mi voz por un cuidado consciente de los medios naturales. ¡Valorar la naturaleza es valorarnos a nosotros mismos! Revisa tus acciones, revisa tu consumo.

Los montones de residuos de la construcción se desechan en diferentes puntos de la ciudad, pero según me dijeron, hay una zona legal para dejar estos revoltijos por el camino al aeropuerto, y sí me he fijado en esos feos montones que de lejos se ven como lomas ajenas a la naturaleza, tumores que le dan en la torre al escenario.

El primer problema de este asunto es la contaminación, el segundo es que estos montículos se tiran ilegalmente en muchos lugares alrededor de la ciudad porque los choferes no quieren gastar combustible para ir lejos a desechar, y el tercero es que son un mezcla de mucho: ladrillos, bloques de concreto, pedazos de concreto, sacos de cemento, fragmentos de piso y azulejo, baldes de pintura y de impermeabilizante, cientos de botes de refresco, agua y otras bebidas, botellas de cerveza, de licor, desechables de aluminio e unicel, tubos de PVC, cables, cintas de empaque, cartón, bolsas y pedazos enormes de plástico, etc. Este cúmulo de desechos son una ensalada muy indigesta para la naturaleza, y una ofensa para el medio ambiente.

Visualicen un escenario de construcción, y estoy segura que todos recordarán esos montones que se acumulan a sus alrededores, sobre todo, cuando es una remodelación, o una demolición. De lejos no se alcanza a ver todo lo que estos cerritos contienen, pero ya de cerca se puede ver un revoltijo escandaloso.

Y muchos dirán ¡Pues ni modo, la construcción no puede parar, sus desechos son un problemita que hay que asumir!

Pero al respecto de esta relajación en el tema, podemos analizar varios temas de suma importancia: el primero sería la gran urgencia de moderar la construcción, ésta ya se ha convertido en un monstruo caprichoso, en un negocio que quita y pone al hay se va. Estamos encerrados en cuadros muy bien mantenidos por dueños o inquilinos que rentan, metidos y enfocados en nuestra “propiedad” en una inconsciencia total de lo que pasa fuera de lo que nos “pertenece”, siendo que nada nos pertenece y que “el todo” es nuestra responsabilidad y nos abraza con sus innumerables consecuencias globales.

Los constructores deben de tener en sus desarrollos la cultura de la separación de desechos y reciclaje, exigir a sus empleados que no revuelvan basura. Por cierto una vez comentando este problema, alguien dijo: En la construcción es imposible este tipo de orden, porque la mayoría de los albañiles fuman mota y les vale gorro el mundo, los pintores andan arriba con la constante inhalación de sustancias y muchos de los encargados están enfocados en la belleza del proyecto y no en el desecho que están mandando a la naturaleza. ¡Qué idea tan derrotista! Cuando la exigencia se hace con las debidas consecuencias para el que no cumple ¡Todos se alinean!

Puede haber un sinnúmero de escusas, pero recordemos que el planeta nos está exigiendo nuevas maneras de hacer las cosas, acciones que quizá nos incomodarán, pero es un esfuerzo que no se compara con el que tendremos que hacer para intentar “si es posible” rescatar espacios de la contaminación y devastación.

Si en estas últimas épocas de excesiva comodidad el ser humano se perdió en la irresponsabilidad de cuidar la naturaleza, hoy el llamado a considerar el medio ambiente es sumamente urgente ¿Vamos a responder? ¿O le seguimos igual?

Las crisis son momentos de idear algo diferente y lo diferente nos cuesta ¿Pero dónde hemos puesto el valor del medio que nos provee para vivir?

Deseo de todo corazón que el espíritu humano despierte, que aprovechemos la crisis para madurar y dejar a futuras generaciones un ejemplo de amor por el planeta.

Vigilante: Yo por mi lado seguiré recorriendo caminos y alzando mi voz por un cuidado consciente de los medios naturales. ¡Valorar la naturaleza es valorarnos a nosotros mismos! Revisa tus acciones, revisa tu consumo.

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