/ miércoles 18 de marzo de 2020

Sí es posible

En nuestro mundo actual en que el concepto de matrimonio para siempre parece se devalúa, es bueno acudir a grandes personalidades que enfocan distintos modos para decir que ese “para siempre” es posible.

El escritor colombiano Gabriel García Márquez expresaba que el matrimonio no es fácil y que requiere esfuerzo diario para mantenerse. Decía Gabo: “El matrimonio, como la vida entera, es algo terriblemente difícil que hay que volver a empezar desde el principio todos los días, y todos los días de nuestra vida. El esfuerzo es constante, e inclusive agotador muchas veces, pero vale la pena”.

Honoré de Balzac, novelista francés del siglo XIX, manifestaba: “Es tan absurdo pretender que un hombre no puede amar siempre a la misma mujer, como pretender que un buen violinista no puede tocar siempre el mismo instrumento”.

La periodista y autora estadounidense del siglo pasado Mignon McLaughlin exponía: “Para tener un buen matrimonio hay que enamorarse muchas veces, siempre de la misma persona”.

Gilbert Keith Chesterton, escritor y periodista británico de principios del siglo XX nos ponía al acecho sobre la incompatibilidad de caracteres sobre la que hoy no pocos alegan para separarse: “Yo he conocido muchos matrimonios felices, pero ni uno solo compatible. Toda la mira del matrimonio es combatir durante el instante en que la incompatibilidad se hace indiscutible y sobrevivirlo”.

Y hablando de combates que hay que emprender, el mismo Honoré de Balzac clamaba: “El matrimonio debe combatir sin tregua un monstruo que todo lo devora: la costumbre”. Esto nos recuerda que la rutina puede malograr el amor, no sólo el matrimonial, como expone la canción Sabor a nada de Palito Ortega: “Qué nos sucede vida que últimamente ya discutimos por pequeñeces, y todo aquello que hasta ayer nos quemaba, hoy la rutina ya le dio sabor a nada”.

A veces, y no pocas, son muchos los que se acercan al matrimonio por una atracción o por una pasión, pensando que pueden durar toda la vida. Mariano José de Larra, escritor, periodista y político español del siglo XIX señalaba: “En el matrimonio es preciso contar con cualidades que resistan, que duren, y las grandes pasiones pasan pronto; al paso que una condición apacible en todos tiempos es buena”.

Ciertamente hay muchas otras personalidades que desconfían del matrimonio para toda la vida, por diversas causas, pero quienes hemos andado un largo camino matrimonial sabemos que el “para siempre” sí se puede, con la gracia de Dios.




























En nuestro mundo actual en que el concepto de matrimonio para siempre parece se devalúa, es bueno acudir a grandes personalidades que enfocan distintos modos para decir que ese “para siempre” es posible.

El escritor colombiano Gabriel García Márquez expresaba que el matrimonio no es fácil y que requiere esfuerzo diario para mantenerse. Decía Gabo: “El matrimonio, como la vida entera, es algo terriblemente difícil que hay que volver a empezar desde el principio todos los días, y todos los días de nuestra vida. El esfuerzo es constante, e inclusive agotador muchas veces, pero vale la pena”.

Honoré de Balzac, novelista francés del siglo XIX, manifestaba: “Es tan absurdo pretender que un hombre no puede amar siempre a la misma mujer, como pretender que un buen violinista no puede tocar siempre el mismo instrumento”.

La periodista y autora estadounidense del siglo pasado Mignon McLaughlin exponía: “Para tener un buen matrimonio hay que enamorarse muchas veces, siempre de la misma persona”.

Gilbert Keith Chesterton, escritor y periodista británico de principios del siglo XX nos ponía al acecho sobre la incompatibilidad de caracteres sobre la que hoy no pocos alegan para separarse: “Yo he conocido muchos matrimonios felices, pero ni uno solo compatible. Toda la mira del matrimonio es combatir durante el instante en que la incompatibilidad se hace indiscutible y sobrevivirlo”.

Y hablando de combates que hay que emprender, el mismo Honoré de Balzac clamaba: “El matrimonio debe combatir sin tregua un monstruo que todo lo devora: la costumbre”. Esto nos recuerda que la rutina puede malograr el amor, no sólo el matrimonial, como expone la canción Sabor a nada de Palito Ortega: “Qué nos sucede vida que últimamente ya discutimos por pequeñeces, y todo aquello que hasta ayer nos quemaba, hoy la rutina ya le dio sabor a nada”.

A veces, y no pocas, son muchos los que se acercan al matrimonio por una atracción o por una pasión, pensando que pueden durar toda la vida. Mariano José de Larra, escritor, periodista y político español del siglo XIX señalaba: “En el matrimonio es preciso contar con cualidades que resistan, que duren, y las grandes pasiones pasan pronto; al paso que una condición apacible en todos tiempos es buena”.

Ciertamente hay muchas otras personalidades que desconfían del matrimonio para toda la vida, por diversas causas, pero quienes hemos andado un largo camino matrimonial sabemos que el “para siempre” sí se puede, con la gracia de Dios.




























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